En 1977  se incluyó en las sondas Voyager 1 y 2 un mensaje a otras civilizaciones. Este mensaje se constituía de sonidos e imágenes de la diversidad de vida y cultura en la Tierra, los que serían el intento de los humanos para comunicarse con vida extraterrestre. El contenido fue seleccionado por un comité del que formaba parte Carl Sagan. incluye 115 imágenes y sonidos de la atmósfera y animales, además de una selección musical de diferentes culturas y épocas y saludos en 55 idiomas.

Estracto de las observaciones de una de las personas que decidieron qué se debía enviar al espacio:

“la desafiante tarea de configurar un mensaje de 120 minutos para dicha grabación. Decidimos integrarlo con saludos en muchos idiomas humanos y el de algunas ballenas, un ensayo sonoro de 12 minutos, 90 minutos de música y una serie de indicaciones visuales que pueden ser convertidas en fotografías en blanco y negro y en color por extraterrestres viajeros del espacio. 

Tres cuartas partes de la grabación se componen de música. La elección de la misma resultó una cuestión tormentosa (en ocasiones discutimos hasta las tres o cuatro de la madrugada). Los melómanos tienden a defender con vigor sus opiniones al respecto y como sólo contábamos con un tiempo determinado para la grabación, todos tuvimos que aceptar la posibilidad de que fueran excluidas las preferencias personales. Algunos reconocíamos una deuda con respecto a cierta obra favorita que debíamos incluir en la grabación

La realización del disco se convirtió por tanto en un medio curiosamente práctico de confrontar ciertas cuestiones abstractas respecto a la vida y el arte en la Tierra. ¿Somos los seres humanos capaces de realizar algo de valor universal? ¿Quiénes somos? ¿Cuáles son las características esenciales de nuestra identidad? ¿Cómo representamos a nuestro planeta? Y debido a que el Voyager estaba destinado a cruzar vastas distancias espaciales y temporales, nos enfrentó con una reencarnación del antiguo problema de la isla o el desierto. Sólo puede uno llevar un número limitado de objetos al partir a ese aislado lugar. Uno va a estar allí una buena temporada. Debe pensar con cuidado. ¿Qué es preciso llevar? ¿De qué se puede prescindir?

Nuestro criterio de selección de las composiciones se basó en la idea de mostrar lo más representativo de la música mundial, sugerir algo de la riqueza y diversidad de las culturas humanas de nuestro planeta y no incluir nada que no despertara un entusiasmo general (no grabar algo por simple sentido del deber). Resulta claro que era imposible encontrar la “mejor” música del mundo, independientemente de lo que esto significa. Estábamos conscientes, además, de que como norteamericanos de habla inglesa llevábamos el bagaje de una determinada cultura y no era de esperar que nos pudiéramos divorciar de nuestras predisposiciones. Pero tratamos de hacer éstas a un lado lo mejor posible sin caer en los fríos cálculos que caracterizan normalmente a los comités de selección. En el proceso, cada uno de nosotros abrió las puertas a horizontes musicales de gran belleza, cuya existencia desconocíamos. Fue durante esos días que llegamos a tomar en cuenta la solución del Dr. Lewis Thomas. “Yo votaría por Bach”, escribe en The Lives of a Cell (las vidas de una célula). “Todo lo que escribió Bach salió al espacio una y otra vez. Podría decirse que estábamos haciendo alarde, por supuesto, pero sin dudas es excusable que presentemos nuestra mejor faceta al principio de tal intercambio de mutuo conocimiento. Las verdades menos gratas podrán expresarse después”.

“Si algún día tenemos noticia de otro mundo o hallamos algunos de sus artefactos, podremos señalar al menos esfuerzos modestos como la grabación del Voyager y decir que no permanecimos ociosos sino que enviamos por nuestra parte un mensaje o dos dentro de una botella. La grabación del Voyager es la prueba de admisión cultural de la Tierra en el universo y, en otro sentido, nuestra solicitud de ciudadanía dentro de esa inmensidad.

¿Quién recibirá algún día la grabación? ¿La tripulación de alguna carabela interestelar en rutina de recolección de viejas sondas espaciales, que posiblemente reconozca al Voyager como la obra de una civilización naciente y lo libre del horno para desperdicios? ¿Un mundo de gigantes cuyo lapso de vida sea tan grande que nuestra mejor música no suene para ellos más atractiva que la nerviosa turbación de insectos? ¿Una nube interestelar viviente que sentirá nuestra nave como un hormigueo en las costillas? ¿O nadie? El reino estelar puede estar lleno de pequeños artefactos como el nuestro, pequeños saludos solitarios, o ninguno. Para averiguarlo tendremos que penetrar más profundamente por nosotros mismos dicho reino y escuchar quizá sus coros de ruidos radiofónicos en busca de una señal inteligente.

Si algún día tenemos noticia de otro mundo o hallamos algunos de sus artefactos, podremos señalar al menos esfuerzos modestos como la grabación del Voyager y decir que no permanecimos ociosos sino que enviamos por nuestra parte un mensaje o dos dentro de una botella. La grabación del Voyager es la prueba de admisión cultural de la Tierra en el universo y, en otro sentido, nuestra solicitud de ciudadanía dentro de esa inmensidad.”

más información sobre el mensaje del Voyager

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imágenes y saludos incluidos en el Voyager:

Cultura: somos en el lenguaje… estamos obligados a elegir…

¿es acaso esta selección de sonidos e imágenes la información precisa para comunicarse con un otro desconocido? ¿Puede alguien llegar a saber todo lo que significa cada imágen, sentir cada música y aceptar los saludos de los diferentes idiomas para tener una idea de lo que es el hombre? ¿qué se enviaría hoy, 33 años después?

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Video con imágenes obtenidas y enviadas por el Voyager

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otra música incluida:

– “Canción de la casa de los hombres” (Papúa Nueva Guinea)

– “Concierto de Brandenburgo N° 2” (Bach)

– “Dark was the night” (Blind Willie Johnson)

“Pero hoy, catorce de octubre del dos mil nueve su voz grabada hace setenta años se encuentra más allá de Plutón. Dentro de muchos años cuando una gigantesca estrella agonizante borre cualquier rastro de nuestro planeta natal, cualquier muestra de cada hombre, mujer y niño que se ganara un puesto en la historia de la raza humana, cualquier hermosa ruina de imperios legendarios, una frágil y diminuta muestra de nuestro mundo seguirá viajando por un cosmos infinito.
Y si alguien escucha ese disco no oirá gritos de odio y racismo.”

Un comentario sobre “Música para un Otro

  1. el LENGUAJE! cuantos significados, con tansolo una palabra, algo q nodice mucho y a la ves es tan rico y somos tan pobres al no saber utilizarlo… el ser humano!? a donde vamos, de donde venimos. y quizas maturana, con un gran libro en el cual termina con una simple frase.. “el que hacer de todos los dias “.. que haremos? que dios, ala o el hombrecito verde nos guie!! o quizas nuestro super YO interno..

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