La fotografía y San Sebastián

por Patrick Medina Q.

san sebastian 1958 lonquimay
Fotógrafo minutero durante fiesta de San Sebastián en Lonquimay, 1958.

En los años 50 la presencia del fotógrafo minutero ofrecía la oportunidad única de poder tener un retrato y atesorar el momento. Este personaje histórico, portador y operador de la cámara fotográfica de cajón era capaz de llegar a lugares lejanos, donde aparecía para las grandes reuniones, cuando se juntaba gente suficiente para mover el negocio. Era un espécimen único, hoy prácticamente extinto que andaba con escenografías y equipos preparados para la ocasión. ¿Dónde estarán esas fotografías en el presente?… Esta pequeña fotografía, valiosa por ser documental y dar un pequeño reflejo de lo que era el Lonquimay de antes, se hace preciosa por su recursividad, por ser la imagen de un fotógrafo haciendo su trabajo, el fotógrafo minutero fotografiado a su vez con una intensión documental. Es muy probable que su autor sea Antonio Quintana y el año en que se tomó 1958 (a partir de los datos obtenidos en Flickr). Quien tomó la foto se convirtió en creador de patrimonio cultural, algo que valoramos enormemente y tratamos de emular en ALTERA mediante el registro fotográfico y audiovisual de distintos elementos que conforman el patrimonio cultural local. Sin ser fotógrafos de profesión es imposible dejar de valerse de la fotografía en el trabajo, pues es un medio imprescindible para decir cosas ahorrándose miles de palabras. Ya desde hace unos 5 años que venimos recogiendo imágenes de la fiesta de San Sebastián en Lonquimay, primero con un propósito poco definido pero con la convicción de que esos registros son a la larga una fuente de recursos que alimentan el trabajo cultural y comunicacional en el lugar.

Procesión de San Sebastián, 20 de enero de 2012, Lonquimay

La fiesta de San Sebastián es parte del patrimonio cultural de Lonquimay, expresión de la religiosidad popular anclada en el mundo campesino. Es la fiesta religiosa más populosa en la zona y esto da pie a que se despliegue el comercio y la escenificación de lo campesino en actividades como la feria popular y el rodeo local.

Familias visitantes de otras localidades se instalan bajo los sauces, a orillas del estero Cayunco, a medio camino entre la parroquia y la medialuna donde se hace el rodeo comunal.

Cada 20 de enero San Sebastián reúne en Lonquimay unas 2000 personas entre quienes pagan mandas y quienes llegan de turistas. Muchos de ellos tomarán fotografías con sus teléfonos o cámaras, miles de fotografías que serán almacenadas o compartidas. La mayoría serán a penas testimonio borroso del haber estado ahí, de haber entrado a la iglesia, haber visto el santo y seguir la procesión, pues parecería que ya no hay experiencia a menos que ésta esté representada… representación que se da en la publicación de las fotografías en el ciberespacio. Pocas imágenes irán a parar al caudal de lo patrimonial (personal y colectivo) por no tener suficiente calidad ni intensión. Cada vez hay más fotografías y al mismo tiempo hay menos que ver, cada vez es más fuerte la “adicción al like, la confirmación última de que todo lo experimentado tiene un valor dado por la respuesta de nuestro “círculo digital”.

mandas
Devotos de San Sebastián comprando suvenires e imágenes del santo a las afueras de la parroquia del mismo nombre en Lonquimay.

En paralelo al sentido efímero de la fotografía vernácula y la necesidad del like seguiremos, incluso porfiadamente, haciendo registro de esta y otras actividades de valor patrimonial con el objeto de que sean conocidas y valoradas por las futuras generaciones, para que aparezcan nuevas reflexiones sobre los medios de hacer cultura y las formas en que la gente representa la vida en este lugar tan particular de la Araucanía.

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Nota: El fotógrafo minutero Aproximadamente, en el año 1910 aparece la fotografía minutera en Chile y fue mediante éste mecanismo que la fotografía se democratizó y salió a los lugares públicos para tener un registro de la ciudadanía en su vida cotidiana. La fotografía minutera fue muy popular hasta los años 70 del siglo XX, con la aparición de las nuevas tecnologías fotográficas, se disipó en la noche de los tiempos sin estar apenas documentada. El lugar de trabajo de los “minuteros” como solía llamarse a los fotógrafos callejeros, podía ser tanto el Muelle, las Plazas, Parques, miradores y paseos. Al ir de paseo a Viña del Mar, los encontrábamos frente al reloj de flores, con su vieja cámara de cajón montada sobre un trípode. El pregón para atraer clientes era ¨Foto al Minuto¨ debido a que fotografiar era cuestión de un par de minutos. El atuendo consistía en una impecable cotona blanca y un sombrero según la usanza de la época. La orden para realizar la toma era miren el pajarito, con esto el retratado prestaba atención al fotógrafo y permanecía quieto el tiempo necesario para la toma, sobre la cámara se posaba un loro que acompañaba al fotógrafo y sacaba papeles de la suerte. Una vez tomada la foto, el fotógrafo aconsejaba al marino que lucía orgulloso su uniforme, o a la pareja de novios, que llevaran la copia en la mano hasta que se secara bien. Y así se alejaban, tomando la foto por una punta y agitándola suavemente. Algunos fotógrafos de plaza iluminaban las fotos pintándolas con colores rosados, celestes, verdes, tierras o amarillos. Otros estaban acompañados por un caballito de madera, o con muñecos de personajes conocidos, intentado atraer el interés de los más chicos, o con grandes telones donde el retratado introducía solo su cabeza por un orificio simulando ser un aviador despegando desde las torpederas, en el medio de la mar u otros motivos alegóricos”. ver: Flickr,  LaPatillaOscarenFotos, fotografominutero

Piedra de Reunión, Observando la identidad Cultural de Curacautín

El proyecto “Piedra de Reunión” ha sido ideado y desarrollado por ALTERA con el patrocinio de la Agrupación Cultural Huitral Mapu de Curacautín y financiado por el CNCA (Fondart 2011). Es una propuesta cultural inédita que consiste en una observación de la identidad cultural local a través de revisión y análisis de documentación bibliográfica, entrevistas a personas relevantes en el quehacer cultural y una encuesta a hogares de la comuna para saber cómo se ven los curacautinenses a si mismos como colectivo. Los resultados de esta investigación serán transmitidos a la comunidad mediante boletines y programas radiales, además de ser base para la realización de un mural y de un taller de cine, en los cuales se espera incluir a quienes se interesen.

Se trata de una intervención que vincula la comunidad a un proceso de significación de la existencia colectiva en un territorio específico y con una historia-memoria común, algo que difícilmente se puede dar si no es mediante “lo cultural” puesto en movimiento. Por ello es tan importante la difusión que se haga, porque no se trata sólo de difundir el proyecto para que sepan de su realización en el presente sino que más importante es poder dejar productos culturales de calidad y documentación adecuada para que la información recogida sea vista por generaciones posteriores u otras personas que pudieran interesarse y aportar con sus visiones del tema. De esta manera se busca que la comunidad de Curacautín se apropie y discuta las distintas visiones de aquello que consideran propio, lo que valoran de ellos mismos y del lugar en que viven.

Por lo tanto, se busca hacer aparecer aquellos contenidos que tienen una relevancia cultural clara, que son portadores de identidad en la medida que sean vistos, reconocidos, valorados y comunicados por la propia comunidad. Así seremos capaces de vernos como herederos de una cultura cruzada por la tradición campesina de los colonos, la vida en torno a la explotación maderera, la presencia del tren, el paisaje omnipresente, el auge y caída de la industria maderera, la disminución de la población y la llegada de gente de otros lugares en los últimos años. Todos estos elementos y más dan un marco que define el ser curacautinense no como una persona única o especial sino como perteneciente a un colectivo que se puede reconocer en elementos culturales comunes que son los que finalmente dan pertenencia, ese sentimiento de apego que experimentan muchas personas respecto a este lugar.

Estar ligado afectivamente a un lugar ocurre porque hay una conversación común, con temas conocidos, con historias compartidas donde aparecen personajes, lugares, nombres, anécdotas. Un mundo cercano, con un ritmo de vida particular que va más allá de lo que la institucionalidad tiene acostumbrada a la gente a ver una y otra vez en actos oficiales, incluso en actividades escolares. Lo que se busca es encontrar lo distinto, no lo único que nos identifica sino lo diverso que nos reúne. Por eso, el proyecto se apropia del sentido de “Piedra de Reunión” porque permite hablar de la reunión como actividad humana en la cual se encuentra lo diverso, donde se cuentan historias y se reflexiona sobre lo que se es a través de la conversación y el compartir, en definitiva el momento y espacio en el cual se hace la cultura.

Artesanía Viva

Artesanía Viva, patrimonio artesanal de Curacautín es un proyecto que rescata y difunde de manera propositiva el patrimonio artesanal de Curacautín (Araucanía, Chile) a través de soportes diversos como video, folletos, blog, postales y calendarios. Este proyecto ha sido ideado y ejecutado por ALTERA y financiado por el CNCA en la línea conservación y difusión del patrimonio inmaterial del FONDART 2010.

“Artesanía Viva, patrimonio artesanal de Curacautín” es un proyecto que busca ser una mirada propositiva para que la artesanía sea reconocida por la comunidad como una práctica valiosa, que contribuye a través del trabajo artesanal a la identidad cultural del lugar vinculando la diversidad natural del territorio con las formas de hacer y vivir de sus habitantes.”

“The project called “Alive Crafts, Curacautín’s handcrafted heritage” pretends, as an idea, to join the art of crafting to the community in order to make them value and appreciate this art as a contribution to the cultural identity of the people, creating a link between the natural diversity of the place with the way of life of the community.”